domingo, 1 de junio de 2014

A confesión de partes; relevo de pruebas





Félix Cesario





En el discurso de entrega del premio periodístico “Álvaro Contreras”, el presidente del Colegio de Periodistas –deberían agregarle las siglas del indómito de lempira- Juan Orlando Hernández; el señor Juan  Ramón  Mairena  en su condición de Presidente de ese ente colegiado afirmó lo siguiente “La ética está herida…. y sangrante” ¡Válgame Dios! como es uno de ignorante, hasta hoy sé que hasta en sentido figurativo la Ética es un ser humano que destila sangre. Pero esto es pasable, luego agregó que “Los Periodistas y dueños de los medios de comunicación habían violado el pacto de autorregulación, acordado en las discusiones de la Ley Mordaza”.

La palabra que en boca del presidente del CPH me dejó con un profundo sentimiento de lastima e indignación, al ver que, por ignorancia o euforia (más de la primera que de la última) el ser humano tiene vocación de esclavo y deseoso siempre de que le pongan un bozal. La palabra AUTOREGULACION es criminal que lo diga un periodista, y más peligroso que lo afirme quien supuestamente rectora el organismo colegiado que supuestamente reúne a los y las periodistas, aunque el verdadero presidente sea el gobernante de turno.

La primera vez que en el periodismo se decretó la autorregulación fue en Inglaterra y fue precisamente contra el primer impresor del Reino Unido, William Coxtan, en el año de 1476; cuando a ordenanza del monarca se le ordenó que toda `publicación debía ser regulada por parte del régimen monárquico. Si nos ponemos ligeramente analizar que significa regular, veremos que es: Reglamentar, ordenar y, en el último de los casos, censurar. Además la Ética no se hiere ni mucho menos desangra, simple y llanamente se viola o en este caso se auto viola; porque la Ética es un término que está dentro de la jurisprudencia, aquí y en cualquier parte del mundo y quien lo haga o lo consienta es un criminal de la Libertad de Expresión.

Hemos sostenido que en la libertad de informar, se detecta al menos tres tipos de censura practicada por los gobernantes de turno, en el caso hondureño, que es el que conocemos mejor, veamos: está la censura gubernamental, misma que por ser el administrador del Estado hondureño maneja, a través de la secretaria u oficina de estrategia de la comunicación, millonarias cantidades de lempiras solamente para contratos con los dueños de los medios masivos de la comunicación para que, todos y todas los y las periodistas que trabajan para dicho medio digan la verdad sobre la gestión y personalidad del Presidente; esto es lo que se conoce como censura gubernamental.

En segundo lugar están los empresarios dueños de los medios masivos de comunicación que, por los millonarios contratos pactados con él o la representante del presidente (menos el mío) de la República, les comunica o “socializa” la agenda informativa y la de opinión para que ningún periodista se atreva hacer señalamientos sobre la “buena” gestión  del primer ciudadano del país; esto es lo que se le denomina censura empresarial.

Y por último esta la que, las y los periodistas entran en arreglos personales en asuntos financieros, regalías, colocación de algún pariente en puesto del gobierno, ya sea en una oficina de la burocracia de la  “cosa pública”  o en el último de los casos, en alguna agregaduría del servicio exterior, como hay varios en el extranjero; de esta manera las y los periodistas que cubren principalmente la casa de gobierno -la fuente informativa más apetecida– previo contrato de palabra de hablar bellezas de gobernante y su administración, cometiendo con estos actos la más despreciable y detestable de las regulaciones que una o un periodista puede cometer: La Auto-Censura.

Basta escuchar, leer o ver las transmisiones informativas o de cualesquier índole y se comprobará que por la paga baila el mono.- Razón de sobra tubo Otto Bismarck al crear “El fondo de los reptiles” que no es más que la partida presupuestaria para pagarle a las y los periodistas de los medios de comunicación para que ejerzan un periodismo regulado y  ponderado de acorde a como la mentira sea dicha de manera tal que parezca verdad. ¡Claro que hay excepciones! pero no llegan a tres los medios  informadores de la verdad.

Terminamos  por aclararle a las y los periodista que, no hay que confundir: derecho a la Libertad de expresión y pensamiento, y Libertad de información; cada cual tiene su función determinada, las libertades de informar y de expresar y difundir, así como de recibir por cualquier medio información es ley, según el convenio o tratado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 19 y quien lo haga o lo insinué comete delito. Esto fue lo que olvidó el señor Juan Ramón Mairena y como él se auto reguló y se llevó de encuentro al gremio periodístico, que según él hay un acuerdo de regulación de la verdad, a confesión de partes… relevo de pruebas.

      

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