domingo, 22 de febrero de 2015

De la política





Félix Cesario





No hay duda alguna que en nuestro país ya realean, por no decir que ya no existen, los políticos; hablo de los que ven la política como lo que es, una ciencia.

Están los estudiosos de los mandatos del contrato social, de los que ven al Estado como un altar cívico y no como un manjar del hartazgo, para hastiarse de los recursos de nuestra nación. Los estudiosos de la actividad humana de bien administrar y del bien armonizar la convivencia de la hondureñidad están por desaparecer.

Y lo más peligroso que los pocos que aún quedan son de la generación de ciudadanos mayores, hombres que se acercan a los más de ochenta años y con el pundonor de ser ciudadanos honrados, a quienes no les gusta figurar en como candidatos  de su respectivos partidos por temor bien infundados de que ensucien sus nombres.

No dejan de tener razón sus infundadas sospechas, estos decorosos ciudadanos pues es bien sabido que, en nuestro patio se ha manociado el término POLITICA hasta hacerla sinónimo de lo sucio, de lo peor; hasta ser como negocio para volverse millonario de la noche a la mañana; a grado tal que se ha degenerado la palabra Democracia, misma que es superada por la canallocracia, es decir el arte de todo lo posible.

Y más alarmante aún, no se avizoran jóvenes que sean o tengan caracteres de líderes, en el entendido de diferenciar un LIDER, de un dirigente o un activista politiquero. Este fenómeno peligrosísimo se da en los partidos políticos de nuestra aldea, no hay en las actividades partidarias. NO los hay, miren que no menciono mujeres,  pues algunas de ellas parece que gustan aun el sometimiento del patriarcado o bajo el caciquismo rural y montaras de nuestro caserío.

Los partidos políticos están en estado grave, tiende a desaparecer. Subsisten por el solo hecho de sus centuriales nombres y no por su militancia, hombres y mujeres que sean capaces de conducir a sus organizaciones políticas hasta el altar digno de la patria y no, arrastrarlas al pedestal del Estado para destruir a la República.

La Política es un accionar generacional y no una herencia familiar. El político, el  estadista, no se preocupa,  arenga a las masas partidaristas que ya menguan, cansadas y aburridas y, lo que más peligroso, desencantadas de escuchar discursos o mensajes populacheros y repetitivos que deslinda entre lo ridículo y lo ofensivo, hasta para el gran conglomerado humilde que ya detecto que son vistos como simples votos, a quienes hay que usarlos y después botarlos en el basurero de la indiferencia Estatal.

El político debe de poseer mentalidad visionaria, es decir no pensar en ganar las elecciones próximas, sino que, como dilatar el pensamiento y accionar de su partido hacia la dimensionalidad del tiempo; Y de cómo fomentar la generación de cuadros políticos renovados y remozados, para que el Órgano político, similar al cuerpo humanos este en forma y saludable, en el entendido que nana es eterno…el reposo político es relativo…es de estar agregándole nueva sangre nueva para que el sistema político no sea depredado por el animalero que pululan en cada organización política.


No hay duda alguna que La Política y la Democracia en nuestra aldeana comunidad está en estado grave, a un instante de entrar en estado de coma, de hecho ya lo están en un crítico momento vegetativo; Y al paso que el tiempo discurre el Socialismo del siglo 21 les ganará la batalla. Porque los caciques y propietarios de las organizaciones políticas no avizoraron que la democracia ya fue rebasada por el proceso histórico. Hay una lejana esperanza de que se prolongue el sistema Republicano, hay esperanzas. En lo personal nos alegramos por la socialización del capital económico y humano.

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